Un poco de historia

El roscón de Reyes es uno de los dulces más populares en España, con una historia que va más allá de la tradición cristiana, ya que su origen se remonta la Antigüedad clásica, concretamente a la Roma Imperial, periodo en el que se celebraba una festividad conocida como Las Saturnales, una de las más importantes para los romanos, en ella todas las clases sociales se reunían para celebrar el final de la estación más oscura y la llegada de unos meses más benévolos.

Se realizaban grandes banquetes en los que se preparaban todo tipo de especialidades, entre ellas una torta a base de miel que se rellenaba con frutos secos, higos, y dátiles. Con el tiempo, se añadió un nuevo ingrediente a la torta; el haba, considerado un elemento de buena suerte que aportaba prosperidad y buenos augurios al comensal que lo encontrara.

Con la llegada del cristianismo y su expansión por el continente europeo, se produjo el abandono de las costumbres paganas, lo que provocó que muchas tradiciones se fueran olvidando o quedaran en un segundo plano; aunque la tradición de comer una torta dulce en la última etapa del año sí se mantuvo en muchos lugares.

En Francia concretamente, durante la Edad Media se recuperaron antiguas tradiciones y fue en el Renacimiento cuando la torta de reyes (gâteau des rois) adquirió de nuevo un protagonismo indiscutible y la aristocracia lo incorporó a sus banquetes.

En los siglos XVII y XVIII era muy popular la celebración del 6 de enero, conocida como “roi de la fave” festividad en la que se elaboraban dulces y en ellos se introducía el haba de la suerte. Fue cocinero del rey Luis XV quien ideó añadir una novedad en la popular rosca adornada con fruta. Dentro del postre escondió un regalo en lugar del haba que normalmente llevaba. Se dice que ese regalo fue un collar de diamantes, lo que sorprendió mucho al monarca, que desde ese día puso de moda obsequiar a los invitados a sus banquetes con una rosca en la que introducía una moneda de oro.

La llegada a España del Roscón de reyes y su tradición

Esta tradición llegó a España de la mano del primer Borbón Felipe V (tío de Luis XV), que se ocupó de introducir el roscón con sorpresa en los banquetes de palacio. Si bien en un principio no llegó a calar entre los españoles, los cuales acostumbraban a comer el día de Reyes una especie de flan de hecho con compota de manzanas y huevos, finalmente adquiriría gran importancia social en el último tercio del siglo XIX.

Una prueba de la poca fama del roscón de reyes en España la encontramos en enero de 1848, cuando varios períodos mencionan “los usos y costumbres de diferentes países de Europa” según los cuales “suelen reunirse varias familias o amigos con objeto de comer un gran bizcocho que llaman torta de Reyes. Se introduce una almendra en dicha torta, y aquel a quien le toca se llama rey […] y paga una comida o merienda a todos los concurrentes”. En Francia tenía tanta popularidad que había sido sobrevivido a la Revolución.

Fue en 1868 cuando la famosa pastelería madrileña La Mallorquina trajo a un pastelero francés para “lanzar al consumo, por primera vez en España, de los famosos gateaux des rois” (El Fígaro, 6 de enero de 1919). Poco a poco el roscón de Reyes se fue introduciendo en las fiestas de la alta sociedad y ya, en 1887, el periódico La Época afirmaba que la “torta de Reyes” tenía una gran aceptación en nuestro país.

En Madrid cada año la fabricación aumenta. Y poco a poco la costumbre se extiende a las provincias, donde a la vuelta de unos años seguro que se habrá aclimatado. De todos los dulces que en los hogares se saborean, ninguno tan familiar como el roscón de Reyes. Contribuye a ello la costumbre […] del obsequio de los fabricantes, cuyos regalos van siendo más importantes cada vez, desde la sencilla haba o el diminuto muñeco de porcelana hasta la moneda de oro triunfal”. El texto cita algunas pastelerías tan famosas como La Mallorquina, Viena Capellanes, La Suiza, la confitería Prast (la cual según la tradición era el hogar del Ratoncito Pérez), La Villa Mouriscot o Casa Hidalgo.

Diario Fígaro, 6 de enero de 1919
Receta original Roscón de reyes

Aunque la tradición del roscón se produjo inicialmente entre las clases altas, poco a poco fue extendiéndose a otros estamentos de la sociedad y llegó al pueblo llano, que hizo de él uno de los dulces más populares y consumidos durante la Navidad. En la actualidad en el roscón suele introducirse un haba y una figurita; la figurita trae suerte al que la encuentra en su porción, mientras que la persona que se encuentra el haba debe pagar este preciado dulce.

En la actualidad

En nuestros días, Madrid está considerada como la capital del roscón, pues cada año se suelen consumir cerca de dos millones y medio la de ellos en la ciudad. Poco a poco, todo el país e Hispanoamérica se fueron dejando seducir por su sabor único. Es costumbre en muchos de aquellos países merendar el Roscón de Reyes con chocolate, además de adornarlo con miel y frutos del desierto, como dátiles o higos.

Hoy en día podemos un sinfín de recetas del roscón de Reyes, adaptadas a los gustos de cada uno. Pero el roscón original sólo lleva huevo, harina, leche, levadura, margarina, agua de azahar, azúcar y sal; siendo a veces aromatizados con anís u otro licor dulce. Coronan su decoración frutas confitadas coloridas las cuales representarían las piedras preciosas de las coronas de los Reyes Magos.  Si bien el roscón de Reyes original no solía llevar ningún acompañamiento o ingrediente añadido desde el último tercio del siglo XX se preparan variedades con nata, crema, crema de chocolate, crema catalana o cabello de ángel en su interior.

Cuando hablamos del roscón de reyes, no hablamos solo de un bollo, sino que también hablamos de historia, tradición, recuerdos y fechas especiales en las que lo importante es compartirlo con los seres queridos.

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